4. INFLUENCIA


La INFLUENCIA de la NUEVAS FORMAS de DISTRIBUCIÓN

sobre la 

PERCEPCIÓN del HECHO MUSICAL CONTEMPORÁNEO


(TIEMPO ACADÉMICO DE LECTURA 6-8 MINUTOS)

4.I

Los cambios tecnológicos han propiciado nuevas formas de socialización de los bienes culturales y la música no ha sido ajena a ellos.


"La creación y recepción de música se ha visto profundamente transformada por la introducción de nuevos programas de software que permiten crear y manipular sonidos con gran facilidad, incluso para aquellas personas que carecen de técnica musical"(Roca, 2004). 




4.II

Además, los actuales cambios en la difusión de la información y en las tecnologías de transmisión han intensificado enormemente la distribución global de música. 


Internet se ha convertido en el gran aliado del mensaje musical gracias a

la aparición de diversas tecnologías de grabación y difusión, apoyadas en nuevos formatos, ampliando así el catálogo de mensajes que el individuo puede recibir a través de las múltiples músicas disponibles y reabriendo un antiguo debate sobre el papel de la música en el universo cultural.


Estas nuevas formas de distribución desarrolladas por la cultura tecnológica contemporánea han provocado que la música se haya convertido en un elemento ubicuo y sujeto a una continua evolución que obliga a revisar permanentemente los paradigmas que intentan estructurar la diversidad de sonidos de nuestra época, con el fin de conseguir agrupar estilos, mensajes, modas, funciones y efectos que faciliten su comprensión.


En lugar de esto, hoy nos encontramos con infinidad de sonidos que se distribuyen libremente a través de los canales establecidos por las nuevas tecnologías permitiendo generar múltiples identidades, construidas sobre límites muy difusos, y que hacen imposible un ordenamiento del discurso musical actual que permita extraer de él lo que pueda tener de novedoso. 


Esta circunstancia está alterando la percepción de la música, su capacidad comunicativa, sus formas de distribución y control y hasta la capacidad del individuo para apreciar el discurso musical actual. 


De las prácticas musicales que eran exclusivas de un grupo determinado hemos pasado a una forma de apropiación musical omnívora, que consiste en escuchar un poco de todo.


El omnívoro es alguien que está dispuesto a apreciar todas las formas musicales. 


Ahora bien, hay que distinguir entre conocer un género musical o estilo cultural y apreciarlo como propio, apropiárselo para expresar identidad.



"Por eso, esta omnivoricidad actual se entiende mejor en términos de conocimiento que de afinidad" (Ariño, 2006). 



4.III

La pérdida del formato físico (cinta de casete primero, el disco después y ahora el CD) ha producido una mutación radical y, tal vez, irreversible en el hecho musical. 


El formato permitía ordenar repertorios y transmitir con claridad un discurso comunicativo concreto. 


En torno a él se crearon modas musicales en otro tiempo y su transmisión facilitó la creación de identidades culturales. 



Hoy quedamos expuestos a un torrente continuo de sonidos que no nos permite dar un sentido concreto al discurso musical contemporáneo.



Así, la música de la posmodernidad ha ido perdiendo su referente temporal, que permitía su comprensión, y ha alcanzado la omnipresencia. 


Sin apenas esfuerzo nos servimos continuamente de las melodías y canciones que nacen y se desvanecen al menor gesto. 


La disponibilidad inmediata, masiva y gratuita de música a través de la Red está modificando no sólo la percepción de la música sino también sus fórmulas de distribución y de reproducción, incluso las formas de producción. 


Los nuevos soportes digitales han liberado a la música del cautiverio del formato favoreciendo una escucha más automatizada, más pasiva por parte de un oyente expuesto a un continuo musical que, si bien es cierto que amplía el abanico de sonidos que somos capaces de oír, no deja tiempo para que la música nos diga todo lo que nos quiere decir. 


Es por esto que hoy triunfan músicas de fácil digestión y los estilos, las etiquetas y los interpretes pasan de moda a un ritmo cada vez mayor, dejando sin lugar en el discurso social de la actual sociedad de consumo a la música más compleja, no por que carezca de calidad o porque el oído no esté capacitado para encontrar en ella comunicación e identidad, sino porque el escenario social actual no la deja sitio para que se ponga en contacto con un individuo más acostumbrado a usar la música que a apreciar el discurso musical. 


Hoy prima la existencia de una música portátil, sin interrupciones y potencialmente infinita. 



"Pero esta permanencia de la música lleva pareja la obsolescencia de cada uno de los momentos que forman parte de ese continuo sonoro" (Horta, 2008). 



4.IV

Hoy más que nunca hemos dejado de escuchar música para, sencillamente, oírla. 


No hay tiempo para el deleite, la sociedad de consumo actual no concede tiempo para apreciar el discurso musical que genera y de la selección minuciosa de las melodías o canciones que nos hablaban, en otro tiempo, de nuestra cultura musical, permitiendo generar identidades culturales compartidas a través del discurso sonoro, hemos pasado a una acumulación compulsiva de archivos sonoros que no nos dicen nada.


Almacenamos más música de la que somos capaces de escuchar y apreciar, dejando de lado la necesidad de identificarnos con un estilo musical determinado y sustituyéndola por la necesidad de acumular, propia de la sociedad de consumo. 



En otro tiempo se esperaba la novedad con impaciencia, haciendo cábalas sobre la posible temática de las canciones, la evolución del sonido de un artista, sobre el mensaje que transmitiría la música. 



Hoy, somos capaces de tener a nuestra disposición, en pocos minutos, toda la producción musical de una época concreta, ganando capacidad de acceso a la música pero perdiendo el discurso social que ayudaba a entenderla.


Como ya hemos dicho anteriormente, la música se ha mezclado siempre con la existencia social; que anima, acompaña e imita el funcionamiento orgánico de la vida. 


Y eso es precisamente, lo que hace en la época de su ubicuidad digital, se alinea con una forma de vida marcada por lo efímero, espoleada por el ritmo consumista que impone el mercado, y que implica unos vínculos interpersonales débiles, un sustrato ideológico ligero y unos parámetros culturales difíciles de controlar. 



"En este contexto, la música, comprimida digitalmente, trasciende el tiempo, elemento que le es consustancial y que habita en su esencia misma" (Horta, 2008). 



4.V

Esta mercantilización de la música cancela la autoexpresión y favorece la repetición de modelos estandarizados y predecibles. 


La crisis de la industria discográfica está provocando que cada vez se apueste más por la repetición, se potencia a la estrella de turno y a aquéllos que se parecen sospechosamente a otros que tuvieron éxito en otro momento, dejando de lado la novedad y la originalidad. 


En otras épocas era la música la que se adornaba con los códigos identitarios de cada estilo para adornar el discurso musical y llegar al público elegido, pero hoy es la industria la que reinventa esos estilos, los manipula, los viste de limpio para que lleguen a un número mayor de individuos, creando así un pastiche musical que pretende ser identificado por diversos grupos de individuos pero que en el intento pierde su poder comunicativo y su capacidad para convertirse en un referente cultural.


Además, todo esto está provocando la eliminación del discurso público de los medios de comunicación de aquellos músicos que comienzan y que pueden aportar algo nuevo al actual discurso musical saturado. 


Para combatir este rechazo por lo desconocido nacen nuevas formas de poner en contacto la música con la sociedad a través de las redes sociales tipo Instagram o YouTube, donde la industria discográfica pierde su influencia sobre el medio a la hora de decidir sobre los contenidos musicales que se proyectan, y pasa a ser el gusto del público el que determina el éxito de una música.



Ahora bien, hay que tener presente que las categorías 
sociales del gusto y el propio gusto o sensibilidad estética están socialmente determinados, por tanto los universos de las preferencias individuales se organizan de 
manera homóloga a la estructura del espacio social y reproducen su configuración. 


De esta forma, el gusto musical actual queda condicionado por la saturación sonora a la que nos encontramos expuestos, así nadie tiene el privilegio de fijar el sonido, flota continuamente en el aire, aparece y desaparece sin avisar, y deja en nuestra memoria sonora rastros que poco tienen en común con la experiencia original de la escucha. 


Parece claro que la sociedad postmoderna concede más importancia a la disponibilidad inmediata del sonido que al acto de recordar el discurso cultural que rodea a la música. 


De este modo el hecho musical pierde, progresivamente, los límites en los que se hacía comprensible y deja de facilitar una identidad cultural perfectamente definida para apostar por diversos modelos identitarios móviles.







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